DOLOR ...
Llega el calor y tengo fríode ausencia,
de ti.
Y tiemblo,
no por el frío sino
por las lágrimas que me sacuden
al sentir que
no
estás
aquí.
Es jodido, ¿verdad? Ves como pasan las horas y sientes que el mundo es capaz de seguir aunque a ti te hayan roto el corazón. Yo hace mucho que me di cuenta de que la vida nunca se va a detener por ti, no habrá pausas, ni vueltas atrás, ni podrás repetir aquello que en su día te hizo feliz. La vida pasa y las personas también lo hacen. Solo necesitas una milésima de segundo, tan imperceptible, y ya nada vuelve a ser lo que era. Por mucho que lo intentes, no te engañes, hazlo por ti.
Lo que suele pasar es que a veces llega un momento en tu vida en el que debes elegir entre aquello que te hace feliz y entre lo que crees que es mejor para ti y no, no siempre es lo mismo. No intentes pensar lo contrario, no llegarás a nada. ¿Nunca os habéis encontrado en un momento de vuestra vida en el que debes decidir ser infelices con la ausencia de alguien solo porque los recuerdos que os quedan no os van a devolver a la persona que tú sabes que necesitas y ya no está? Es difícil.
Ojalá, ojalá no tuviéramos que hacerlo,
ojalá no nos viéramos obligados a irnos,
a partir
a dejar
de
existir.
¿Nunca os habéis parado a pensar la cantidad de "nosotros" que se habrán perdido por el camino? O la cantidad de veces que no se habrá cuidado a alguien justo cuando lo teníamos ahí, creyendo que nunca se iría. Pero...¿lo ves junto a ti? Solo hay ganas y ausencia. Dicen, o al menos lo he escuchado por ahí, que irá a menos. Y que los recuerdos se reducirán a polvo que se podrá soplar de la misma forma que las llamas acaban siendo ceniza, como aquel cigarro que se consume y como aquel río que al fin muere. Supongo que todo acaba, es cosa de la vida. Y del tiempo. Porque me he dado cuenta de que, al fin y al cabo, no importa la cantidad de ganas que le pongas a algo ya que habrá veces que será como darse una hostia contra un muro de hormigón. Una y otra vez, y otra, y otra. Contra más te la das parece que menos duele, quizás porque ya te has acostumbrado al golpe o porque siempre sabes que, por mucho que tarde, acabarás en el mismo sitio en el que empezaste.
Solo y destrozado.
Y con el mismo discurso detrás, siempre.
"Siento que no te merezco y,
deberías encontrar a alguien mejor
Quererte y..."
Joder.
Cómo se supone que debo sentirme cuando día a día intento quererme y aparece alguien que hace que me olvide hasta de mí. ¿Cómo? Siempre intento ser suficiente, darlo todo de mí para luego recibir siempre un "mereces a alguien mejor" Mejor que qué. ¿Para quién? Estoy cansada de que la gente decida por mí lo que merezco y lo que no, lo que me debe de hacer feliz o lo que debo hacer con mi vida. Me he cansado de dejar los miedos e inseguridades atrás porque cada vez que lo he hecho, cada vez que mis ganas de intentarlo eran superiores a mis miedos, he acabado perdiendo.
Y ésta, ésta vez no es de esas veces en las que también se gana. Se pierden las ganas de todo. Literalmente.
Te sientes vacío,
frío,
perdido.
Es una de esas veces en las que dudas poder volver a encontrarte.
En las que te miras y no te reconoces.
En las que te preguntas qué coño hacías con tu vida antes de esa persona. Y no, no lo recuerdas. Nunca.
Y al final sabes una sola cosa, quizás no sabrás cuando dejará de doler -si es que lo hace-, ni cuanto tiempo necesitarás para volver a ser la que eras -si recuerdas quién eras antes de romperte de nuevo-, tampoco sabes si serás capaz de arriesgarte en la vida por miedo a que acabes sintiéndote de nuevo así. Y lo único que sabes es que te has dado cuenta de que, antes de aquella persona, solo sobrevivías. Que al fin y al cabo lo que ocurre, ¿sabéis que es? Que acabamos sintiendo que aquella persona que te da la vida, si se va, te la quita.
-Francisco---
CAER
Ha vuelto a sentarse al lado de la ventana para ver cómo llueve. Y cada vez que hace eso es como si nada más pasara. Y es entonces cuando suena algo así como "bajo el aguacero, vuelve a aparecer y así pasa su tiempo, dejándose caer". Y ni ella misma se da cuenta de las veces que vuelve a caer. Y últimamente más que nunca. Pero cuando se sienta ahí, encima de esa mullida alfombra con las ganas de mojarse bajo la lluvia y resistiéndose a la tentación de salir y pillar una buena pulmonía, lucha con todas sus fuerzas para que la lluvia que hay ahí dentro, no sea ni tan fuerte como la que suena ahí fuera. Aunque, a decir verdad, el sonido de los truenos no es nada comparado con los gritos de auxilio que deja ir y casi nadie escucha. ¿Sabéis eso que dicen de que a veces parece que la gente te oye pero nadie te escucha? Últimamente ella está en esas pero no hay nada más que le relaje en esta vida que tener la música de fondo, sonando algo así como "escuché como decías, abrázame, todo vuelve a ser fácil" y la lluvia intentando superar a eso. Y lo bien que le vendría en estos momentos un buen abrazo, de esos que te hacen sentir a salvo... aún sabiendo que en estos momentos solo existen un par de personas que saben dar ese tipo de abrazos, así sin intentarlo. Y es entonces cuando suena el móvil, sin más. Está acostumbrándose a que lo haga. Un sonido tonto que sabe que va a llevarse una sonrisa de premio, siempre lo hace. Lo coge a tientas y no le hace falta ver quién es para saber que va a hacerla feliz. Y es en ese instante, solo ahí, en el que aquello de que alguien dijo de escuchar u oír, pierde el sentido. Es justo entonces cuando aparece una persona que compensa el error que tuvieron otros, y que se queda cuando algunos ni siquiera tuvieron el valor de intentarlo. Y ella nota que llueve un poco menos, aunque fuera truene. Y lo malo que había hasta ahora, sigue siendo igual de malo pero duele muchísimo menos. Encuentra las razones donde no las hay para sonreír de la forma en que a ella -y a alguna que a otra persona- le gusta. Lucha porque todo lo que intenta derrumbarla no quiebre lo poco que queda de ella. Y se mantiene a flote, o al menos la mantienen.
Y suena otro mensaje.
Y otro.
Y sabe que sonará otro más.
Y siempre acabará llegando otro.
Y lo que pasa, muy en el fondo, es que tiene miedo de que dejen de llegar. Y que sea entonces cuando ella se deje caer, sin más, sin encontrar más razones que valgan la pena porque ahora mismo, ni ella, para ella lo es. Aunque siempre había sido así, ¿de qué le extraña? Solo había sentido, durante apenas unos segundos, que estaba valiendo la pena empezar a quererse, pero que manía la suya de hacerlo siempre que aparece alguien a quererla, como si ella no pudiera. Pero será eso, que no puede. Que siente que ya no puede sola. Y vuelves tú, recordando que no vas a irte, que nunca la darás por perdida... al menos no del todo.
Prometes, sin prometer, que cualquier cosa ahí a su lado, como si estuvieras sentado a su vera, te vale la pena. Más que cualquier otra cosa que puedas siquiera alcanzar. Y a veces, le da por preguntarse si eso será siempre así.
Y llega otro mensaje. Y no puede dudar de ti.
Y lo que tú no sabes es que no tiene miedo a dudar de ti. Le da miedo dudar de sí y sentir que siempre habrá alguien mejor que pueda recibir el mensaje -que hasta ahora es solo suyo- y que sea entonces cuando dejen de llegar. Y le da miedo sentir que va a quedarse ahí, sentada, mirando como llueve aunque no solo hace eso. A veces mira como pasa la vida y le acojona que pase sin ella. Que el tiempo se pare y ella no haga más que quedarse en ese punto de no retorno en el que sigue con el corazón roto.
Parpadea un par de veces para que el mundo no la vea llorar, pero siente que hay trizas que no encuentra y que te quiere dar. Y cierra los ojos apoyando la cabeza en el cristal para así notar el frío y solo tener una excusa más para buscarte y la abraces.
Que vengas y no vuelvas.
A irte.
Que seas de los que se queda sin tener que mirar atrás porque justo ahí, al lado abrazándote tienes a lo único que necesitas. Y llega otro mensaje y vuelta a sonreír. Y sí, puede que sí, que últimamente esté dejándose caer.
Dejándose caer,
pero últimamente
más,
en ti.
Maria-Francisco
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